arquitectura con minúsculas

"mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo" e. galeano

la ciudad fuera de la ciudad (vol.1)

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periferia de Fuenlabrada – ciudad inacabada. (imagen obtenida en Google Earth)

al calor del boom inmobiliario, las ciudades dormitorio de Madrid reprodujeron el modelo de expansión de esta, creando sus propias ciudades dormitorio – paisajes de arquitectura residencial en manzana cerrada, en muchos casos sin locales al exterior en planta baja; áreas sin vocación de actividad productiva que originaban lugares desiertos durante el día y apenas vivos los fines de semana más allá de la muralla que protege las piscinas y jardines del interior de la manzana.

se consideró, de forma errónea, que los modelos de crecimiento urbano utilizados en los planes de ensanche de las grandes ciudades podían seguir siendo válidos en cualquier contexto, temporal o físico. urbanismo trazado sobre plano, que a menudo ignoraba la topografía del terreno sobre el que se asentaba y que, en general, parecía responder más a motivaciones económicas que a criterios urbanísticos sensatos. se crearon ciudades –porque su tamaño hace difícil considerarlas como barrios – diseñadas a la escala del automóvil, con zonificaciones calculadas a golpe de aprovechamiento lucrativo. se sustituyeron los lugares tradicionales de relación ciudadana – la calle y la plaza – por centros comerciales; se desafió al osado peatón a que se aventurara en la complicada gesta de cruzar la calle a pie y, eso sí, se llenaron las hipervitaminadas avenidas de carriles bici, no fuera alguien a decir que no somos ecológicos. con unos cuantos esmirriados arbolitos terminamos de decorar nuestros nuevos barrios y nos pusimos manos a la obra a llenarlos de promociones de vivienda.

ante el reto de diseñar la arquitectura de estos lugares, los arquitectos solo parecíamos saber optar por dos modelos. bien el anodino bloque de manzana cerrada, poco arriesgado, funcional y aprovechado, con el que hicimos las delicias del promotor medio; bien el despliegue autocomplaciente de esa arquitectura rompedora y de vanguardia que tanto nos alababan en las escuelas, y en la que cabía cualquier delirio, que llenó de edificios inhabitables las publicaciones especializadas y de demandas por deficiencias los tribunales de justicia. en cualquier caso, condenamos a los vecinos a quedar encerrados en el interior de sus patios de manzana a base de convertir su calle en un escenario desolador, cuando no agresivo. les convencimos de que el barrio no es un lugar para ser vivido sino poco más que el espacio residual entre dos portales. Que la calle no se anda, se atraviesa.

El Roto. civilización.

 

como estos modelos urbanísticos no funcionaban en los nuevos ensanches de las grandes urbes, pensamos que sería buena idea utilizarlos también en los de las pequeñas, sin considerar siquiera los problemas derivados del cambio de escala. lo que resulta incómodo en un desarrollo de varios cientos de hectáreas, se convierte en trágico en una urbanización periférica de viviendas unifamiliares. pero los números encajaban, la avidez de vivienda no parecía tener fin y, después de mí, el diluvio…

de este modo, las ciudades fuera de la ciudad por excelencia – Madrid, en nuestro caso – que habían conseguido en las décadas anteriores labrarse un carácter propio y una cierta autonomía, no aprendían de la experiencia de la ciudad nodriza y condenaban a sus nuevas barriadas a un mismo destino de ciudad sin alma.

la explosión de la burbuja inmobiliaria paralizó en muchos casos estos desarrollos, congelando la imagen a medio hacer de estas nuevas periferias. pudiera parecer una buena noticia, ya que el resultado del modelo hemos podido verlo en otros casos y no es muy alentador; pero para la ciudad y sus ciudadanos es un hecho trágico. avenidas flanqueadas por solares vacíos, vallas con carteles descoloridos de promotoras hoy en quiebra… ciudades rotas, a medio habitar, donde la falta de densidad justifica la no realización de equipamientos primordiales para conseguir un tejido rico y vivo. hablar de todos los que no pudieron acceder a las viviendas prometidas, o a pagar la hipoteca de las que compraron, sería objeto de otro artículo.

todos sabemos que en la decisión de acometer y desarrollar una nueva periferia, una nueva porción de ciudad, intervienen múltiples agentes: políticos, técnicos municipales, promotores, constructoras, arquitectos, ingenieros y hasta magnates del juego. por ello, no sería del todo justo poner el acento sólo en la mala labor desempeñada por los arquitectos responsables de esos planeamientos y de las edificaciones que en ellos se levantan. no obstante, el no ser culpables del todo, tampoco nos exime de serlo de una parte, de gran parte.

dada nuestra condición de docentes, creemos necesario mirar hacia la escuela, hacia el periodo de formación del arquitecto, para tratar de rastrear en el mismo algún indicio del fracaso urbanístico, arquitectónico y, en última instancia, social – siendo éste el más grave – de estas nuevas barriadas.

detectamos en primer lugar la permanencia de un divorcio entre el urbanismo y la edificación. en nuestra época – y tampoco somos Matusalén – existía una especialización diferenciada entre ambas ramas, siendo comúnmente aceptado y manifestado que quien no valía, se decantaba por urbanismo, cuyo contenido se resumía en un tristemente famoso “recorta y colorea“. por el contrario, la rama deeEdificación era considerada como la verdadera, la portadora del secreto de “La Arquitectura” (sí, con mayúsculas). esta situación hacía que aquellos estudiantes que optaban por la segunda miraran con cierta displicencia a los que escogían la primera, la fácil. y esa división artificiosa se prolongaba luego en la vida profesional donde quien no construía y sólo planificaba era algo así como menos arquitecto.

hoy en día hay incluhso escuelas donde se imparten grados diferenciados para lo que, a nuestro juicio, debería entenderse como un todo en nuestra formación. precisamente en un momento en el que se reivindican nuestras competencias y el carácter multidisciplinar de nuestra profesión, no parece razonable que tengamos el enemigo dentro y que desde la formación inicial se tracen estas barreras artificiales.

el urbanismo solo tiene sentido como tapiz de una edificación que, a su vez, cobra todo su potencial cuando es capaz de radicarse en una trama concreta y servir a un propósito mayor que ella. cuando no se tiene presente esta concepción holística, encontramos trazados de viales cuyas características son idénticas si se encuentran flanqueados por bloques de manzana de 7 pisos o por unifamiliares adosados de dos. es evidente que, al menos en uno de los casos, no van a funcionar adecuadamente. esta es, tristemente, la situación que encontramos en muchas de estas ciudades fuera de la ciudad.

periferia de Fuenlabrada – el mismo vial para el unifamiliar, el bloque, la manzana y el solar que espera. (imagen obtenida en Google Street View)

en segundo lugar, nos parece pertinente volver una mirada crítica hacia la formación en proyectos, donde –salvo casos excepcionales – la construcción de esta periferia no suele ser objeto de consideración. remitiéndonos de nuevo a nuestra experiencia como estudiantes, encontramos propuestas de miradores para nubes, embajadas en países exóticos o bibliotecas al otro lado del Atlántico. cuando el proyecto se circunscribía a la ciudad de Madrid, se actuaba como si esta acabase en la M-30 (como mucho en la M-40).

un vistazo a los enunciados de las unidades docentes de distintas universidades españolas, revela que la situación se mantiene constante. junto al predominio de tipologías singulares, cuando no se actúa en el centro de la ciudad de origen, tienen más glamour los canales de Amsterdam, o incluso las favelas de Río de Janeiro, que la periferia de Fuenlabrada[1].

esta situación académica podría explicar, en cierta medida, las carencias arquitectónicas de estos barrios. se forma a los arquitectos para levantar un edificio memorable en Castellana, pero no para ejecutar con dignidad y solvencia un bloque de viviendas sociales en un PAU.

por ello, la arquitectura de estas periferias se mueve entre lo anodino y el espectáculo. junto al edificio “singularizado” – generalmente desarrollado a partir de un concurso de ideas[2] o por encargo directo a una archistar – proliferan otros edificios sin carácter ni interés. el resultado es una porción de ciudad sin identidad; donde no hay proyecto urbanístico ni arquitectónico (si es que se quieren entender separados) y donde, por tanto, es tan difícil generar un proyecto social.

muchas de estas ciudades de periferia están ya completas – desde un punto de vista de la edificación – pero otras han quedado a medio hacer. aunque ahora nos parezca una quimera, en algún momento habremos de retomar su construcción y sólo entendiendo lo que falló en primera instancia podremos ser capaces de generar unas respuestas adecuadas cuando llegue su segunda oportunidad. los arquitectos, y las escuelas que los formamos, debemos aprender de los errores y llevar a la profesión y a las aulas un debate sobre el futuro de estas periferias que tienen derecho a convertirse un día en el centro de la vida de sus habitantes.

 

Este artículo fue publicado originalmente el 25 de octubre de 2013 en La Ciudad Viva.

[1] el año pasado, en el curso de introducción a proyectos del grado en fundamentos de la arquitectura de la URJC, se propuso a los estudiantes trabajar en los barrios de la Universidad y del Hospital de Fuenlabrada, típicos ejemplos de lo que aquí se expone – salvo quizá por la falta de singularidades. es curioso como el rechazo inicial por el área de trabajo, alimentado por prejuicios sobre la vida anodina de la periferia, se suavizó tras la visita al mismo y la conversación con sus habitantes. a pesar de tratarse de estudiantes que proyectaban por primera vez, se consiguió generar respuestas de gran interés.

[2] queremos hacer constar que, si bien consideramos necesario abrir un debate serio sobre la figura del concurso de ideas y sus repercusiones a nivel profesional, nos parece un mecanismo perfectamente válido (imperfecto y mejorable, pero válido) del que además hemos participado en numerosas ocasiones. sin embargo, el abuso de esta figura como un medio para introducir singularidad en barriadas en desarrollo ha generado un diálogo de sordos entre las edificaciones ejecutadas, cuyo ruido sufren los habitantes de estos nuevos entornos.

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Acerca de rqlmartinez

arquitecta, docente e investigadora

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Esta entrada fue publicada en 27 noviembre, 2013 por en crítica, educación, investigación y etiquetada con , , , , , , .
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